Biografía

Palabras que Encienden el Alma

Soy el Universo que Ama en Silencio

“Mi nacionalidad es el mundo, el lenguaje español es la expresión de mi voz, mi idioma favorito es el amor y el romance es el deseo más puro de mi corazón”. :

Cautiva por el Romance

En protesta contra el mundo real en un mundo de fantasía, la pasión y el amor dejan de ser una idea para convertirse en realidad, en imágenes construidas a través de los sueños, en un viaje al interior del alma que espera el momento perfecto en el que cuerpo se funde con el infinito. 

Universo Literario

En el universo infinito en el que habita mi ser, hago un recorrido por el laberinto del pensamiento, donde no existe la crueldad humana, se afirman las convicciones en el ímpetu del espíritu y el perdón se convierte en otra forma de amor al prójimo, idea que surge a los 9 años, cuando me enamoré de la visión del mundo de Leonardo da Vinci y la reflexión astrofísica de Carl Sagan, con profundo amor hacia Sherlock Holmes, creado por Sir. Arthur Conan Doyle, el arquetipo del hombre perfecto, que causó mi primera desilusión amorosa al descubrir con inmensa pena que su existencia fue tan solo la concepción literaria de su creador.

Influencia del Romanticismo Francés

Chateaubriand, con Atala, ilustró la complejidad entre el amor, la diversidad cultural, la crueldad y el abismo entre la doctrina religiosa y las huellas de la revolución en la adaptación al nuevo mundo.

Guy de Maupassant, con Miss Harriet, me hizo entender la necesidad de eliminar los juicios morales, en un relato corto que ilustraba los prejuicios de la señora Lecacheur, generando reflexión hacia la ligereza de juzgar, base primordial de la crueldad.

Gustave Flaubert, con Madame Bovary, eclipsó la cosmovisión que tenía del amor y pronto comprendí que la noción del efecto Romeo, hace que podamos imaginar amores imposibles que no se materializan por más que nos apetezca.

Alejandro Dumas, en el Conde de Montecristo, me hizo ver que mi infancia en un lúgubre internado de monjas de la comunidad de San Antonio de Padua, se sentía como un martirio lleno de horror y violencia, pero por fortuna no sería eterno.

Dumas, en los Tres Mosqueteros, me forzó a comprender que D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis no me rescatarían, pero yo, podía convertir mi debilidad en fortaleza y luchar contra la adversidad con la fortaleza de una valiente Mosquetera.

Victor Hugo, en Les Misérables, provocó, que por los avatares de una infancia y una adolescencia colmadas de terror, violencia e injusticia, me pudiera identificar con Jean Valjean, con un final incierto de una vida que aún escribo.

Julio Verne, con Miguel Strogoff, inspiró en mí el anhelo de perseverar en actitud honorable en momentos de oscuridad.

Honoré de Balzac, en Papá Goriot, esta novela motivó en mí la compasión por papá Goriot, cuyo único pecado fue no tener dinero, a la vez, me produjo rechazo contra sus hijas, Delphine y Anastasie, un par de buitres insensibles.

Gaston Leroux, y el Fantasma de la Ópera, novela que me trasladó en sueños al Palacio de la Ópera Garnier de París, y confieso que me encanta la obertura en la voz de Sarah Brightman y Antonio Banderas, drama y romance.

Émile Zola, en Germinal, me acercó a la novela social como mecanismo de defensa contra lo que está mal en el mundo, sentí profunda consternación por los obreros en las minas, ¿Por qué será que el egoísmo sigue destruyendo las vidas de inocentes?

 

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